Cierta señora fue atropellada en la calle por un raudo automóvil cuyo conductor ni siquiera detuvo su veloz carrera. “-¿Alcanzó usted a ver las placas del coche?” -pregunta a la señora un oficial de tránsito. “-No, -responde ella con voz de infinito rencor-. Pero en cualquier parte reconocería las carcajadas de mi yerno”
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