jueves, 13 de enero de 2011

EL BEBE

El señor y la señora tenían ya nueve hijas. Una tras otra fueron viniendo las niñas, año tras año. Los esposos estaban felices con sus pequeñas, claro, pero ansiaban tener también un hombrecito, de modo que cada año encargaban otra vez con la esperanza de que el varoncito les llegara. Por fin sus anhelos se vieron realizados y la señora dio a luz un niño. Aquello fue un delirio de alegría. A los extasiados padres no les cabía en el cuerpo la felicidad; estaban ambos en el máximo culmen de la dicha. Tres semanas después del nacimiento del bebé, uno de los muchos amigos que fue a darles la enhorabuena le preguntó al orgullosísimo papá: “¿A quién se parece el niño? ¿A ti o a tu esposa?’’. “Créeme que no lo sé -responde el señor perplejo-. Todavía no le veo la cara’’...

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