Babalucas tenía cara de tonto. Un pintor pensó que sería el modelo perfecto para su cuadro “La irracionalidad humana”, de modo que le dijo: “Soy pintor. Te daré mil pesos si me permites pintarte”. “¡Ah no! -rechaza la oferta Babalucas-. ¿Y luego cómo me quito la pintura?”.
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