viernes, 14 de enero de 2011

EL HIJO

Una chica de nombre Yaka Laditta iba a contraer matrimonio. Se angustiaba mucho, pues era madre de un niño de tres años, y su prometido no conocía ese pequeño detalle. Nada le había dicho Yaka acerca del delicado asunto, pues temía que la revelación de aquel secreto diera al traste con la esperanza que tenía de conseguirle un padre a su hijo. Además no encontraba la manera de enterar a su novio de ese antecedente maternal. Halló, por fin, el modo de darle la noticia. Al terminar la misa nupcial Yaka se persignó devotamente ante el altar, y dijo: “En el nombre del Padre y del Espíritu Santo, amén”. Con una sonrisa, el flamante marido preguntó: “Y al Hijo ¿dónde lo dejas?”. “Con una tía -respondió Yaka con naturalidad, como sin darle importancia a la cuestión-. Ya pasaremos por él al terminar la fiesta”

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