Un sujeto mal encarado le dijo al padre Arsilio en el confesionario: “Me acuso, señor cura, de que me enfurezco cuando alguien me lleva la contraria. He llegado a romperle las costillas a quien se atreve a contradecirme’’. “Hijo mío, -le pregunta con dulce voz el sacerdote-. ¿Crees en la misericordia divina?’’. “Dios no existe’’ -responde con fosca actitud el individuo. “Tienes razón, hijito -se apresura a decir el padre Arsilio-. Tienes mucha razón”...
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