Pirulina llegó a la casa de su madre. Iba toda golpeada, sangrando de nariz y boca y con los dos ojos morados. “¿Qué te sucedió?’’ —le pregunta, consternada, su mamá. “Me golpeó mi marido’’ —contesta Pirulina entre sus lágrimas. “¿Tu marido? —se asusta la señora—. Creí que andaba de viaje’’. Gime Pirulina: “Yo también pensé lo mismo’’
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